27.11.11

Oviedo. 6:00 de la madrugada.
Una hora. Queda una puta hora. Creo.
El frío envuelve mi cabeza. No quiero quedarme quieto. Doy una vuelta a la estación de autobuses. Un guardia, con un sonido de llaves, me vigila a las espaldas. Una espectacular mujer rubia camina frente a mi, a ¿qué autobús estará esperando? No hay nadie a penas por la calle.
Termino mi primera vuelta. Una cola espera a que abra el autobús de Avilés sus puertas. Hijos de puta....
veo que la rubia no se encuentra en esa cola.
Miro al monitor, aún no aparece mi autobús. Empiezo mi segunda vuelta al rededor de la estación. El guardia otra vez me mira a mis espaldas.
Dos mujeres mueven su coche al aparcamiento de los taxis. Acabo mi segunda vuelta. La gente empieza a entrar en el autobús de Avilés. Hijos de puta....
La rubia está sentada en los fríos bancos metálicos.
Empiezo la tercera vuelta. Un hombre deja una pila de periódicos a mi lado. Una mujer agarra a otra de los pelos mientras esta vomita. El autobús de Avilés se dispone a marchar. Hay una nueva cola, a un autobús sin nombre. Y ahí está la rubia. Dispuesta a irse. ¿Gijón? Quién sabe...
Mi cuarta vuelta. Un hombre y dos mujeres entran corriendo en la estación. me siento en los fríos bancos metálicos. El hombre que entró corriendo hace poco está hablando con el guardia. Algo relacionado con un billete de veinte y cambio en monedas. El guardia coge un vaso de tubo con bebida roja en su interior que estaba en el suelo y lo tira a la basura. Doy dos vueltas más en sentido contrario. Una de ellas una paloma merodeaba al rededor de la comida que desdigerió aquella mujer, a la otra ya estaban comiendo de ello. Una chica de...quién sabe qué edad, ¿menor? ¿mayor que yo? Me mira y sigue con su música. Un hombre está entre máquinas expendedoras, la de condones y la de comida. Otro hombre está sentado con su música dos bancos más allá de la chica.
Mi autobús sale en pantalla, no era a las 7...era a las 7 y media....una hora me queda, otra vez. Me siento entre la chica de la música y el hombre de la música.
Miro una paloma caminar y alimentarse torpemente.
No sé cuánto tiempo pasé allí.
Me levanté.
Fui a la cafetería.
Pedí una cocacola después de merodear 3 o 4 veces al rededor de la cafetería.
La tomé sin prisas.
Ya se anuncia la llegada del autobús de Pola de Lena.
El mío está al llegar. Se va el autobús de Pola de Lena.
Llega el mío a y 25. ¿Qué son 5 minutos comparados con una hora y media? Merodeo al rededor de la columna con pantallas, pantallas a las que miro por costumbre, buscando mi autobús, como cuando llegué hace hora y media. Ojalá hubiese llevado cascos. La música habría conseguido calentar mi cuerpo y amenizar el tiempo de espera.
Una señora que llegó hace escasos 5 minutos consigue entrar primera en el autobús, aunque yo tenía, por veterano, ese derecho.
Cuatro veces desperté y cuatro veces creí haber llegado a mi destino, una concretamente creí que ya habíamos llegado y habíamos vuelto a Oviedo.
Salgo del bus. Hace frío.
Una señora, gitana, 60/70 años camina con su carro, se detiene, se me queda mirando, sigue su camino.
Veo un interminable camino hasta mi casa, corro.
Desayuno.
Duermo.
14:20
Me despierto, subo la persiana, el sol ilumina mi cara. Sonrío.

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